viernes, 26 de junio de 2009

La actitud estoica y la autodeterminación del héroe en el relato El viejo y el mar de Ernest Hemingway.

“Pero el hombre no esta hecho para la derrota – dijo –. Un hombre puede ser destruido pero nunca derrotado.”

El viejo y el mar

“Tal como tantos ríos, tanta lluvia que se precipita (…) no cambian ni atenúan la salsedumbre del mar, de la misma manera el ímpetu de las adversidades no pliega el ánimo del fuerte (…) No digo que sea insensible a ellas, sino que las vence. No es invulnerable aquél que no es herido, sino aquél que no puede ser ofendido; por este signo reconoceré al sabio.”

Epicteto

El héroe que Hemingway nos presenta en el relato El viejo y el mar es un ser de fortaleza plena, y aunque provecto como se lo anuncia desde el comienzo en el nombre que da titulo a la obra, no posee este la endeblez que el lector supondría a primera vista hasta el momento que se encuentre en el interior del relato. La idea de este trabajo es la de indagar en la disposición del héroe ante la situación de adversidad, forma de un destino aciago en cual el fracaso corona la finalidad de la tarea emprendida. La postura que este hace frente al infortunio de una mala pesca de días anteriores como perseverancia, el batallar con los indómitos animales en la disparidad, acontecimientos que se suceden y nos acercan en lo metafórico a hechos inexorables que supone la existencia. El Hombre de Hemingway es el de la supervivencia estoica[1] y la lucha solitaria, que enfrenta a su destino con entereza y que resiste sin abatimiento los impactos de la tromba o los reveses que se presentan en el insondable océano. El héroe para la constitución de sí pasa a depender únicamente de su exterioridad, es decir, del campo donde oficia y del cúmulo de instrumentos y destrezas, de la naturaleza y de la mundanidad[2]. Sus acciones lo delimitan. Este héroe siempre soslaya el momento de introspección. Aunque haya una interioridad que se enuncia y evite simultáneamente, está presente un monólogo que socializa con lo inmediato y enlaza elementos de la memoria. Lo que puede ser el héroe en oposición a lo no racional, a lo puro, violento y salvaje de la naturaleza se sintetiza en el siguiente párrafo “Quisiera ser el pez, pensó, con todo lo que tiene frente a mi voluntad e inteligencia”. En el hombre el intelecto es un epifenómeno y el autor demuestra el impulso de una regresión hacia un estado natural como se afirma en el siguiente pasaje: “el hombre no es gran cosa a lado de las grandes aves y fieras. Con todo preferiría ser esa bestia que está allá bajo en la tiniebla del mar”, entonces le es propio el hecho de aminorar las contradicciones que trae consigo la conciencia, sin hacer detrimento de un pensamiento que es profundamente práctico. Crea un protagonista que desarrolla sus actos en un orden elemental que comporta a la vez mecanismos y conocimientos que lo realizan como hombre.
Son repetidas veces las que el personaje habla sobre el infortunio que le toca vivir, esta no es la idea de que él considere su estado como un designio providencial a modo de una predestinación, simplemente sabe de su desgracia y solo puede ser sobrellevada con la perspectiva de la fe, “su fe y su esperanza no habían fallado nunca” nos comenta el narrador. En una pared de la cabaña del viejo penden las imágenes católicas de la Virgen del Cobre y del Sagrado Corazón de Jesús, pertenencias antiguas de su esposa que guardan una relación diferente con él que la que ha sido con ella, son iconos del recuerdo ya que junto a ellos esta el retrato de la mujer y porque un momento después al iniciarse la lidia con el pez nos dirá: “no soy religioso, pero rezaría diez padres nuestros y diez avemarías por pescar este pez y haría una peregrinación a la Virgen del Cobre si lo pesco, lo prometo”. La espiritualidad del hombre se resuelve en la proximidad de su ser, es el roce con el gigante pez espada que tironea del sedal precipitando el sonsonete del oleaje que demanda una oración en el momento de la lucha. Quizá lo beatifico solo pueda ser aprehendido mediante la experiencia inmediata de la presencia del hercúleo animal, en ese intercambio físico que ocurre en el piélago es meritorio hacer la súplica, “Virgen bendita reza por la muerte de este pez aunque sea tan maravilloso”. Sin ser piadoso este hombre sabe de una fuerza suprema a la de él, nos dice que “el hallarse frente algo que no se comprende lo es todo”. Hace de suyo una confianza esperanzada, una fe[3] que le de aliento para la prosecución y la continuidad, no una fe religiosa instaurada en el temor a la muerte ni en la pretensión salvífica. Sino aquello que fortalezca el impulso vital y desmedre la angustia ocasionada por el estado de soledad y agotamiento. El viejo ha de durar todo el luengo trayecto sin dejar de creer en lo que ha estado haciendo durante días y ha hecho toda su vida, ha de encontrarse vivo como hombre y de rendir al esfuerzo que exige la vida. En cierto momento el narrador nos dice: “Era demasiado simple para preguntarse cuando había alcanzado la humildad , pero sabia que la había alcanzado y que no era vergonzoso y que no comportaba la perdida del orgullo verdadero”, nos habla de un orgullo último que es la realidad de su experiencia como marinero, aquello que lo hace autosuficiente mientras hay una perdida, pues no son solo el sufrimiento y las magulladuras que se dan en la temporalidad lo que lo lleva a ser humilde, sino también la senectud de quien depende de sus brazos, razón que lo revierte a un miramiento de su condición; el ausente poder del principio de la edad. “Me gustaría que se durmiera y poder dormir yo y soñar con los leones, pensó. Por que, de lo que queda, serán los leones lo principal. No pienses viejo se dijo.” Los leones son una evocación de los años de la juventud y él sueña con las costas de áfrica, como nos cuenta el narrador: “en la época que era muchacho, con las largas playas doradas y blancas, tan blancas que herían los ojos. Vivía entonces todas las noches a lo largo de aquellas costas. No soñaba ya con tormentas ni con mujeres ni con grandes acontecimientos ni con grandes peleas ni con competencias de fuerza ni con su esposa. Solo soñaba ya con lugares y con los leones en la playa”. El marinero conoce la naturaleza y la altura de su condición, en un pasado él era tan fuerte como lo que sueña y también como el enorme merlín con que se enfrenta. Y así mismo en el instante en que piensa en esto se rehúsa a profundizar más, queda en el linde de la añoranza y regresa su mente a la contienda, en vez de examinar la reminiscencia para poner en balance el porte de los días pasados con el presente, decide hacer otra de las tantas evocaciones, según las palabras del narrador: “para darse mas confianza el viejo recordó aquella vez cuando, en la caverna de Casa Blanca, había echado un pulso con aquel enorme negro de Cienfuegos…”, es cuando Santiago “el campeón” gana la competencia de fuerza que dura desde el domingo en la mañana hasta las primeras horas del siguiente día. En los días que dura la navegación “el mar” (como nos dice el narrador que lo llaman “los jóvenes que utilizan botes a motor, bollas y flotadores en los sedales”, con el artículo masculino a diferencia de lo que ocurre con Santiago que “Decía siempre la mar. Porque así es como le dicen en español cuando la quieren”) se mantiene apacible al igual que la tranquilidad del sabio. El mar guarda un significado en la vida de Santiago pues es parte de su existencia, él lo conoce, sabe de sus tretas y virtudes, cuando causa amenaza o placer, ha interiorizado su comportamiento, la mar llana y la marejadilla; conoce la dirección de la corriente y donde enrumba la ventisca. El mar es asumido como el lugar el ámbito donde se ejerce la actividad, donde flota el esquife y se tienden los sedales y se le da una utilidad al mástil y al aparejo, al arpón y la porra, todos elementos que adquieren un sentido en él pues este hombre es su relación con el mundo circundante[4]. Lo que atribuye su mente a los objetos naturales, la humanidad que le da a los pájaros que lo sobrevuelan y a la golondrina de mar que se posa en el sedal a quien invita a quedarse, de la cual nos dice “estoy con un amigo”, al enorme pez espada a quien le dice “hermano, jamás en mi vida he visto cosas mas grande, ni mas hermosa, ni mas tranquila ni mas noble que tú”, nos deja entender una hermandad una comunión de quien está solo y de quien halló un símil entre la llama del espíritu de hombres y animales; la aguda voluntad de vivir. Luego nos dirá refiriéndose al pez, “Me pregunto si tendrá algún plan o si estará, como yo, en la desesperación”, la gran interrogante sobre la comprensión del animal, “los peces no son tan inteligentes como quienes los matamos, aunque son mas nobles y mas hábiles”, y después, “Me pregunto para que habrá salido a la superficie (…) brinco para mostrarme lo grande que era”. Entonces el viejo admira el coraje y la fuerza del animal el puro instinto que se traduce a un impulso rudimentario, lo cual se contrapone a la capacidad que dentro de sí el hombre posee, la de crear todos los medios y de ejercer sobre ellos su voluntad, él sabe que posee la técnica que le posibilitara ganar la contienda y para ser justo le da una valoración a la condición de su oponente. Pero la particularidad del pensamiento también implica la posibilidad de entrar en la duda o de arrellanarse en la angustia. Debido a la obvia necesidad de establecer consecuencias, el hombre puede permanecer por la propia decisión en las aguas profundas y tenebrosas que representa la conciencia, perderse en ese fondo oscuro donde se pliegan las interrogantes metafísicas. Pero el héroe del relato no se desprende en lasitud alguna, se sustrae a cualquier contradicción de diferentes maneras que no constituyen en sí un efugio, sino que en su existencia es fiel a un modo que lo completa, precisamente ante la angustia existe el hacer[5], y en la concentración en un objeto particular y la dedicación integra en las formas de abordarlo, se darán los componentes de su pensamiento. Prefiere el hacer e iluminar con su atención los aspectos pertinentes al oficio y lo más cercano a su labor. Cabe destacar un interés por algo que no es la pesca, el torneo de baseball de las grandes ligas del cual sigue los resultados en el periódico, con esta última afirmación notamos el esbozo de un personaje desprovisto de intelectualismo, orientado hacia la actividad física aplicada a la competencia. Sobre las razones que lo impelen a proseguir el alma del personaje está desnuda, el lector desconoce un pensamiento donde ubicar motivaciones fundamentales que estimulen al héroe, pues no posee otro compromiso más que con el saber que comporta su trabajo. Se direcciona hacia la efectividad hacia el saber hacer, ese tesón lo dinamiza queda definido en ese gesto. Para él la significatividad de que vivir implica una confusión está en el dolor, para esto el narrador nos dice: “cogió todo su dolor y lo que le quedaba de su fuerza y del orgullo que había perdido hacia mucho tiempo y lo enfrentó a la agonía del pez” , y una vez que clava el arpón detrás de la gran ala pectoral del animal, cuando ve al enorme merlín se cuestiona sobre la veracidad de aquel momento, en ese respiro se siente confundido, o son dos cosas para él verdaderas: la grandeza del animal que lo impresiona o el estado de suplicio en que se halla, “podía ver el pez y no tenia más que mirar a sus manos y sentir el contacto de su espalda con la popa para saber que esto haba sucedido realmente y no era un sueño”. Necesita retornar a la sensación física de la extenuación del cuerpo para aserciorarse de la materialidad del instante, “tuvo la seguridad de que era algo enormemente extraño y no podía creerlo. Luego empezó a ver mal. Ahora, sin embargo, comenzó a ver como siempre”. En el momento de magnanimidad producto de la contemplación del animal capturado, cree ser poseído por una suerte de estupor, y para mantener la convicción de que su lugar está en aquella realidad que le constriñe, contorsiona su cuerpo tullido y mira la lastimadura en sus manos callosas, regresa al plano de las cosas, ladea la impresión en su mente a la vez que rehúye darle una explicación al dolor. Lo que nos dirá es: “Tengo que mantener clara la mente”, lo más imperioso será mantener siempre la estabilidad interior.
Por lo argumentado se puede argüir que el héroe mantiene una relación acrítica e irreflexiva en un mundo histórico y social, pero habría que mencionar dos aspectos: el primero es que su mundo es entendido como ese universo de objetos que se le aparecen y que poseen una doble referencia, una utilidad y una significación, él participa de esos objetos en el modo en que los usa e interpreta, de la prensión de estas ideas funda una comprensión global, y el segundo es que el héroe carece de una coyuntura palpable. Se trata de un individuo al margen de procesos sociales o políticos situación que lo hace un gran personaje de ficción, definido por una serie de descripciones básicas que le proporcionan un pasado, tenemos la escueta información de que vive en la Habana, que posiblemente ha nacido y crecido en un ambiente de pescadores, también sabemos de los ochenta y cuatro días que lleva sin poder pescar algo, que tiene un discípulo llamado Manolín por medio del cual a momentos el lector puede obtener imagen de la condición del viejo, ya que este le compadece y le ayuda, por último, que ha tenido una esposa de quien posee un retrato. Datos que lo acercan a una tradición, que le dan asentamiento en un lugar y lo recortan contra un fondo. Por estar aislado sus representaciones están lejos de operar en una mentalidad pública, y lo fundamental es que este individuo se encuentra haciendo lo que le es más propio, no sufre ningún tipo de desarraigo o desorientación, cumple con su modo de ser mas originario[6].
Una vez que el pez es atado a un costado del barco por su enorme tamaño, este va dejando un rastro oscuro de sangre que se extiende a una milla de profundidad, el hecho ocasiona que el primer tiburón sea atraído guiado por su olfato, de lo cual nos dice el narrador: “Este era un pez hecho para alimentarse de todos los peces del mar (…) del tipo rápido, fuerte y armado que no tuvieran otro enemigo”, y luego refiriéndose a Santiago, “tenia la cabeza despejada y estaba lleno de decisión pero no abrigaba ninguna esperanza”, el héroe se mantiene ecuánime enterado de la inminencia que está por venir, el dentuzo atacará al animal y desgarrará gran parte de él, a propósito de esto se nos dirá: “No le agradaba ya mirar al pez, porque estaba mutilado. Al haber sido atacado el pez, fue como si lo hubiera sido él mismo”. El pez fue quien lo remolcó durante días enteros, halo su transporte en diversas trayectorias hasta que al fin con la táctica indicada lo atrajo a sí y lo arponeó, el pez permanecerá ligado a un extremo del bote. El trajinar ha sido extenso, en ese lento recorrido el personaje ha urdido con su voz un ideario que hemos podido escuchar, todo mientras estaba siendo arrastrado en un sin sentido. En este itinerario el hombre sometido a la destemplanza ha perennizado la paciencia, y lo que hemos visto ha sido su constancia, lo que sucede en esa duración de la captura es mucho mas esencial que la captura misma. Además de significar el cansancio y el sacrificio físico prolongado, el curso de la captura ha sido el largo proceso en el que se ha relacionado con la naturaleza. Y el pez ha sido para él más que el objetivo de una faena o el fruto de un periplo, ha sido la realización de su personalidad y de sus potencialidades humanas puestas a prueba. De tal forma que le disgusta ver al animal disminuido de su forma natural porque anteriormente encarnaba en su altivez de colosal pez toda la industria invertida en su apresamiento. En un momento siguiente el héroe piensa: “No has matado el pez únicamente para seguir vivo y venderlo para comer. Lo mataste por orgullo y por que eres un pescador” y se interrumpirá en voz alta diciendo: “piensas demasiado viejo”. Mientras navega suavemente en una corriente que lo arrastra hacia la orilla, una brisa fresca envuelta en un lumínico resplandor le hará recobrar la esperanza, a modo de epifanía este momento es un detonante, se rehace una nueva arma atando el cuchillo al remo, retorna en él el deseo de luchar y admite la posibilidad de poder conservar su animal y nos dirá: “es idiota no tener esperanzas, además, creo que es un pecado.” Progresivamente va adentrándose cada vez más en su pensamiento, es el momento en que algún reparo lo posee y como se nos declara: “lo estaba cansando por adentro”, se encuentra sumergido en cavilaciones dos o tres idea aún mas intensas, piensa en el pecado, este ha sido para él no una transgresión a la ley divina sino la sensación efímera de abatimiento, de un fracaso que luego por medio de la esperanza transmutará en la reserva de poder que lo conlleva a la autoafirmación, ha de potenciar al máximo la resistencia de tal manera que nos dice “lucharé hasta la muerte”. Ahora que ha discurrido se dice a sí mismo “piensa en lo que puedes hacer con lo que hay”, él niega la capitulación y el orgullo al que se refiere deviene de la condición misma que lo ha hecho sentir humilde, a pesar de estar desprovisto ha realizado la hazaña, más no se trata de una acumulación de empeño, sino del reconocimiento de merecer lo que ha obtenido por mantener siempre las cualidades humanas preeminentes por sobre los demás seres, lo encontramos en la frase siguiente: “comed galanos. Y soñad con que habéis matado a un hombre”. Las facultades del espíritu humano como la voluntad e inteligencia ya mencionadas en el comienzo, constituyen la dignidad[7] del hombre, se trata de una emancipación frente las imposiciones naturales, la libertad de un grado de determinismo radical que existe en los demás seres que es lo que el personaje observa continuamente.
Una vez que ha pasado la media noche y se ha batido con la gavilla de tiburones, sabe que ha sido firmemente derrotado porque han devorado el gigante pez de dieciocho pies de largo, ahora él deberá gobernar hasta el centro donde centellean las luces, a causa de esto dice en su soliloquio “Gobierna tu vote, todavía puedes tener buena suerte”, y en ese transcurso él no hará nada más que no sea manejar bien el timón, vuelca la atención al manejo de la nave y se aparta del efecto de perdida, ha superado las circunstancias, su postura es ajena al lamento e intenta, nuevamente, dirigirse a las cosas pequeñas que puede domeñar, aquellas en las que puede recrear un mando que es a la vez sufragáneo de la contingencia cósmica.















[1]Escuela fundada en Atenas alrededor del año 500 a.C. Para los Estoicos el hombre debe aceptar su destino con imperturbabilidad y resignación. Recibe con tranquilidad todos los golpes y cambios, ofrece la ataraxia frente a la inseguridad mudable e inconstante de todos los asuntos humanos. Cada hombre tiene un destino ineluctable, y solo será feliz cuando desista de todo intento de modificarlo y finalmente lo acepte
[2]Las cosas como instrumentos y su significado en relación con nuestras vidas, los modos en que las insertamos en nuestra existencia y de alguna manera las referimos a nuestros fines.
[3]Según el crítico Carlos Baker esta fe puede ser una fuente disponible de energía, léase su excelente trabajo “Hemingway, el escritor como artista”.
[4]La idea de proyecto en Heidegger es el total de significados que constituyen el mundo del Dasein que es ya siempre y constitutivamente relación con el mundo, puesto que las cosas se le dan en el mundo ya están provistas de una función, es decir de un significado.
[5]Según Juan Villoro en el prologo a la edición sudamericana de 2003 que antecede a la obra, el bien y el mal son para Santiago formas de tensar cordeles.
[6]Deviene del concepto de disposicionalidad de Heidegger; modo original de encontrarse y de sentirse en el mundo.
[7] En el cristianismo la idea de dignidad se fundamenta en la creencia del que el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios.

jueves, 7 de mayo de 2009

Bartleby el escribiente

El llanto exasperante de un niño -resultado de lo que en su ser guarda de irracional- al no tolerar lo fallido de su antojo, es una metáfora de la angustia que no puede ser espoleada por la reprimenda que una conciencia integra le haga, sin dejar esta de excitar aun más y de manera inconsecuente el animo del acongojado. De tal delicadeza se tornan los límites de la cordura en el afligido que solo detiene las tribulaciones que le acosan para arrogarse alguna convicción que le permita salir de pie, pero sí el reflejo de lo insufrible aparece en cada representación de la vida haciendo mella de sus cavilaciones, depondrá este de su voluntad para sobrellevar una realidad. Al no haber un motivo para el esfuerzo cuando se ha desvanecido la razón que da significado a cada proyecto, el hombre se destina a la soledad para crear nuevos alegatos a la existencia o para morir de inanición.
Bartleby es un caso de la muerte. Es el hombre que hasta en cierta medida ha decido mantener un lugar en la sociedad - un trabajo de copista en una oficina - y que en lo progresivo va distanciándose de aquella razón que lo sitúa en tal lugar. De la razón misma es que hace el brutal apartamiento. Esa razón es el funcionamiento social que acepta lo presupuesto de toda convención. Es el acuerdo por el cual vivir se justifica en las industrias humanas. Bartleby soslaya una fuente de legitimidad que lo vuelve un ser ininteligible por la perdida total de ese sentido. Actuando de esta forma puede estar elucubrando un nuevo código ético bajo una negación de la subordinación, aunque no conocemos sus pensamientos. Lo que tenemos de él es solo una desconcertante expresión “preferiría no”. El personaje es como el llanto de la creatura pero en una versión afásica, el individuo se ha reducido a una pura naturaleza asegurando algunos sesgos de cultura permitiéndose una nueva identidad. Ha de quedarse simplemente con las funciones vitales, en el aislamiento, ser simplemente vida con el tiempo y fundirse en una espera de acontecimientos que irrumpan el lapsus caótico. A guisa de esperanza sucesos que tengan la esencia del amor o la muerte. Esa expectación será la clave del relato, lo vemos cuando el narrador agrega sobre el pasado de Bartleby que antes de llegar a su oficina el escribiente trabajó en el correo en la sección de cartas muertas. El narrador imagina como “el pálido funcionario saca de los dobleces del papel… billete de banco remitido en urgente caridad a quien ya no come, ni puede ya sentir hambre; perdón para quienes murieron desesperados…” Bartleby puede haber sido tanto como vio uno de los infelices remitentes que aguardaban una nueva revelación. El valor de esta acotación está en que las cartas no llegaran nunca “y se apresuran hacia la muerte”. Fue Bartleby quien no llegó a descubrir en lo álgido de lo humano la gracia de un nuevo conocimiento para solventar sus interrogantes que lo sacara de la negatividad absoluta. La negación de la subordinación lo destruye y quizá no percibió en el sentido de una inmanencia como forma de conocimiento del yo una condición favorable para poder existir él. Por eso se disipa su esperanza la “esperanza para los que murieron sin esperanza…” Y ya no puede aceptar las “buenas noticias” por que van al forno nihilista que las convierte en nada.

lunes, 13 de abril de 2009

Richard Chase, la ruptura del circuito y la novela norteamericana

En las meditaciones sobre literatura estadounidense que elabora Richard Chase, expone de inmediato elementos que consagran tesis siguientes de la crítica en lo relativo a factores que median en el desarrollo posterior y en la actualidad de la literatura norteamericana. Chase nos dice que en un principio tenemos una persistencia de oposiciones entre los significados relevantes que a atraviesan la sociedad. En una primera etapa de la literatura está presente una “cualidad maniquea”, el uso de las grandes metáforas de la religión. Un ejemplo seria la elección de la libertad y la condena, lo bueno o malo, Dios o el demonio. Otra dicotomía que se manifestará ulteriormente, adelgazándose el sentido religioso, será la identidad literaria de la nueva nación en confrontación de los modelos anglosajones, esto dentro la creación literaria de los autores de mayor originalidad (Hawthorne, Henry James, Melville, Hemingway, Faulkner). El desacierto no aparece resuelto, sino más bien, motiva lo inédito que brota del antagonismo con los modelos tradicionales europeos, provocando de tal manera, una ruptura con la adaptación de procedimientos artísticos extranjeros a las nuevas condiciones culturales. Sostiene que la novela europea imponía “vastas gamas de experiencia en torno a un centro moral y una finalidad de juicio”. Aduce a esto la existencia de dos grandes fuentes antiguas como antecesoras plenas de la tradición literaria inglesa, la tragedia griega y la religión cristiana. Aspectos que movilizan en la narración un desplazamiento de personajes a través de contradicciones hasta llegar a una armonía. La suposición de que después de los distintos avatares, tanto excesos como padecimientos, derrotas y “desajustes” con una visión central, se llegue a una reconciliación y a un orden, a una estabilidad, no es lo concerniente a la literatura de Norteamérica de la que se pretende hacer descripción. La literatura norteamericana está fuera de asimilar tal sentencia. Ladea el hecho de simplemente dar una respuesta a la contradicción, peor aún sí es que esta se asienta en la pacificación. Su labor está en aprovechar el tropiezo del hombre con las obturaciones del camino, y ahí proyectar nuevos mundos como vías maravillosas de realización humana. Como veremos así en las características del romance, primera forma literaria americana consolidada, también producto de una evolución cultural que reflejan los autores. Esta literatura capta la anomalía, el desorden, la dispersión. En estas “formas radicales de enajenación”, la “rudeza” frente a la “prudencia” de la tradición, lo irracional, la fantasía, el sueño y el horror, se estiman posibilidades para la conformación de un “capital estético”. En la novela norteamericana se da una traducción poética de la realidad, y aquí su más fuerte relación con las idealizaciones del romanticismo. El máximo ensimismamiento de sus escritores proviene de un hondo anhelo de perfección estética. Haciendo alusión a las clases teóricas expuestas por el profesor Costa Picazo, como otros puntos que se verán más adelante, esto asemeja a su noción de una “creación contigua” al momento en que el individuo se enfrenta a los objetos. Definir con otras formas equivale a la invención del lenguaje mismo. Esto como un trance que se da cuando el hombre nombra los elementos de la escena que tiene ante él. El autor prevé una selección léxica adecuada para la creación de una atmosfera, de una impresión específica que el autor logra mediante el lenguaje. En el plano sintáctico se recurre a la materialidad del signo, a la musicalidad, las cadencias, los ritmos, las repeticiones. El estilo prima en la obra literaria, lo que Costa Picazo entenderá como la manera en que el autor usa el idioma. Es decir, si el autor utiliza un lenguaje complejo o no, y si esa complejidad se refiere al plano lingüístico o al plano sintáctico.
Volviendo a Chase, este nos dice que a causa de encontrar esta belleza el autor se mantiene en su propio lenguaje. Un lenguaje personal surgido por la “tensión de cerrar una brecha de experiencia”. Suceso que se concibe irrealizable por lo que cada individuo asume una particular relación con el lenguaje, a la vez que trata de establecer una estética general, o más bien, alcanzar rasgos esenciales de la literatura que difieran de la tradición inglesa. La “tensión de cerrar la brecha” no es nada más que el intento por la conformación de una visión central que unifique las percepciones. Para esto es necesario establecer un “nexo” como una medianía entre pensamiento (discurso) y experiencia. Algo que funcione como mediador entre el individuo y la totalidad. Al desaparecer las instituciones de la aristocracia poseedoras de un “cuerpo común” de razonamientos, que daba justificación a las relaciones del individuo con el mundo, y que vertían una concepción general para la explicitación de los fenómenos, solo queda la democracia, quien sí bien especifica al hombre, lo hace en un sentido jurídico, político e individual. Entiende al ser como un sujeto en prosecución de un bienestar propio inalienable que se asocia para tales fines con los demás hombres. Entonces el cerramiento de esta brecha de experiencia que necesita de una medianía se ve contradicha en tanto la democracia, que pasa a tener esa función, regresa al hombre a la soledad, el individuo solo en busca de sus intereses, y que en el momento de verse con la totalidad, solo enfrenta a la enorme sociedad entendida como conjunto de individuos. En consecuencia, la función de mediación recaerá el la representación religiosa, que en lo indiscutible ha sido una dimensión presente como un sustrato desde siempre. Desde un comienzo el puritanismo entendió la situación del hombre en América como un estado profético de soledad. América se presenta como una segunda oportunidad que se le ofrece al hombre y este hombre aquí se encuentra libre de pecado. El hombre estuvo solo desde un principio y limitado por la frontera. Costa Picazo nos insiste en que esta corriente religiosa ha dejado una influencia reconocible, una tendencia hacia el simbolismo y las correspondencias. Lo que los puritanos creían era que todo acto de la naturaleza, todo lo que pasaba, tenía algún significado en relación con la divinidad. Según este, a través de los personajes los escritores se refieren, de modo indirecto, a su propio modo simbolista de ver el mundo. Los personajes mismos miran correspondencias y signos. El concepto de frontera es percibido como el encuentro de la civilización y el desierto. Los bosques vírgenes y aquello no poblado serán el primer proscenio para la creación. Como resultado un género que por ser simbólico se aleja del realismo. Obtenemos una forma de novela, el romance, que debe ser leída de modo alegórico y que no examina ni reproduce la realidad. Un género desprovisto del drama o la melancolía del género novelístico. Con mayor libertad, se desvincula de la representación yuxtaponiéndose a lo imaginario. En la narración el personaje es bidimensional, o sea, abstracto y simbólico. Su origen y su pasado es un misterio, está trabajado en función del argumento, asiduamente vivaz y colorido, de virtudes extrañas y renunciatorias, casi siempre rodeado de acontecimientos maravillosos. Escapa de la cultura misma hacia un mundo en que la naturaleza es hermosa y hostil a la vez. Huye hacia el mar o hacia el bosque. No hay reconciliación ni adaptación a la sociedad. Su campo de acción es un territorio neutral, entre la civilización y la barbarie.

martes, 7 de abril de 2009

Sobre el cuento Rip Vin Winkle de Washington Irving

Como relato primordial de la tradición literaria norteamericana el Rip Vin Winkle de Irving se inscribe en los inicios de esta formación cultural. Los primeros temas que convergen en la narrativa fundacional estadounidense, de la que este relato participa especialmente, comportan la descripción de las primeras actividades llevadas a cabo por los hombres de la época, el orden que van adquiriendo las instituciones sociales donde ya se atisba un futuro que las transformará. La independencia política y un estado anterior de la vida precedente a la emancipación republicana, y en lo continuo a esta, el transcurso de las cosas en un periodo aledaño posterior a la autonomía política, suceso que se configura con la bajada de un barbado Rip de la montaña a la aldea después de un largo misterioso sueño. Está presente en detalle las costumbres y los rituales que pertenecen a las nuevas tierras. Otras formas de cotidianeidad y de sobrellevar el tiempo en el país despoblado que en la imperial Europa. En el aislamiento de la civilización, surge, la urdimbre de representaciones en las que se darán correspondencias vitales en lo referente a una característica esencial de la literatura y del héroe en las primeras manifestaciones narrativas; donde aparecen las vicisitudes de un primer hombre norteamericano protagonista en el corazón del relato.
Aquel personaje principal que ha de quedarse dormido en el seto de un bosque, es el ser rudimentario que elide la resolución de sus problemas por una comodidad momentánea, hecho de una seudo liberación. El luengo sueño del héroe a mitad de la montaña, puede ser intuido como procedimiento autoral en lo alusivo a una economía del relato, debido a que este podría estarse guiando por la normativa genérica conveniente al folklore general, disposición común a la época. Este héroe busca principalmente un desacople con los antiguos controles que organizan su vida diaria. Transgrediendo el dominio de estos, se guía entonces por la novedad y por el brillo de lo incidental - que adviene de un cumplimiento desdeñoso de supuestos deberes - que acontece ante sus ojos. Aunque nacido en una nueva tierra, lleva consigo el yugo de la colonia “ la vieja Inglaterra ”, y un acentuado principio de obligatoriedad en su conciencia que no ha de consumar. Nada resulta más alegórico en el cuento que una esposa autoritaria, “el horno ardiente de la tribulación domestica” dirá el narrador, como especie de una vieja Europa imperial que amilana al héroe y lo conmina a un cumplimiento con la estructura social impuesta. Este hombre simple como todo buen campesino, toca en la distensión ante el mandato, como un solaz, una fuente de realización plena. El ideal de la nueva libertad es un individuo tras un mundo apacible que no requiera mayores peritajes. Halla su bienestar en una reciente obligación, el soslayo a las imposturas que la tradición le hereda, hecho que lo lleva a la soledad y a la interacción con la naturaleza inmediata. El héroe iniciático de la literatura estadounidense Rip Vin Winkle como un eremita sin religión, no existiría metáfora más indicada.
El héroe y su aventura se realizan siempre junto a lo fundamental de una complementariedad, la compañía de un ser - casi siempre pasivo - que es concebido en una categoría diferente de la que se concibe al héroe. Quien acompañe al héroe puede ser en ocasiones el hombre negro, el indio, el niño, el oprimido y confinado al sometimiento. A Rip lo acompaña su perro, emblema de la sujeción y la obediencia. El can podría ser un reflejo del mismo Rip caricaturizado por el autor si no se estaría mencionando aquí, admisiblemente como alegoría, la figura del indio o el negro que en unión al héroe, se consagrará al éxodo. La búsqueda de los nuevos caminos y la exploración de la naturaleza deshabitada serán su cometido, mas el héroe siempre o casi siempre comandara el destino de su compañero.
De lo que se puede imaginar también como un errar de Rip Vin Winkle, la trayectoria desde que salió de casa, subió los montes y corrió por las planicies con la escolta de su perro, disparó a las ardillas, se encontró a los hombres extraños de quienes obtuvo el licor para su borrachera, y como ultimo su enigmático sueño por contados veinte años. Deviene la fantástica reunión de él con la realidad en la que despierta. El nuevo país democrático le recibe a él, y este pisa el suelo del liberalismo en el momento de su más inexorable significación, las elecciones. Cabe aducir que se dan nuevas condiciones para la vida de los americanos en este despertar de Rip, por una conjetura que nace de la imagen del relato, cuando la hija ofrece al padre un hogar, “una casa cómoda y bien amueblada “. Después de los avatares del pasado, y de la borrosa transición, acontece la etapa de la abundancia, de la prosperidad de una república vasta y rica. Nos dice el narrador: “su marido era labrador fuerte y alegre”. Esta última cita no puede significar más que el solido fundamento de que en una nueva era americana, se considera a todos los hombres por igual, se propugna el derecho a la vida, a la libertad y a la prosecución de la felicidad. En la tierra libre a la cual los hombres han venido a conquistar sus sueños pletóricos de esperanza, se ha escrito en los papeles donde se especifican como quieren ser las naciones, la forma de ser de una nueva alianza en una nueva tierra. Se ha decidió exponer los valores morales de una nueva sociedad que trabaja en la labranza del terruño y en el libre intercambio.